miércoles, 28 de noviembre de 2007

La bolsa sin fondo

Un emperador estaba por salir de su palacio para dar un paseo matutino, cuando, a las puertas del mismo, se encuentra con un mendigo.

Suponiendo el pedido de una limosna, le preguntó:
- ¿Qué quieres?

El mendigo lo miró y le dijo:
- Me preguntas de una manera... como si tú pudieras satisfacer mi deseo.

El emperador le respondió:
- Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo... ¿Cuál es?

Y el mendigo le dijo:
- Piensa dos veces antes de prometer.

El emperador, comenzando a molestarse, insistió:
- Te daré cualquier cosa que pidas. Soy una persona muy poderosa, y extremadamente rica... ¿qué puedes tú desear que yo no pueda darte?

El mendigo le dijo:
- Es un deseo muy simple... ¿ves esta bolsa que llevo conmigo?... ¿puedes llenarla con algo valioso?

- Por supuesto - dijo el emperador. Y Llamó a uno de sus servidores y le dijo: - Llena de dinero la bolsa de este hombre.

El servidor lo hizo... y el dinero, apenas ingresado a la bolsa, desapareció.

Echó más y más, y el mismo desaparecía al instante.

La bolsa del mendigo, por lo tanto, siempre estaba vacía.

El rumor de esta escena corrió rápidamente por toda la ciudad y entonces una gran multitud se reunió en el lugar, poniendo en juego el prestigio del emperador.

Entonces el emperador le dijo a sus servidores:
- Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no se va a salir con la suya, ya que me dejará en ridículo frente al pueblo.

Diamantes, perlas, esmeraldas... uno a uno los tesoros del emperador iban ingresando en la bolsa, la cual no parecía tener fondo.

Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente.

Era el atardecer y habiendo quedado el emperador ya sin ninguna cosa que colocar en la bolsa del mendigo (habiendo llegado incluso a desprenderse de joyas que habían pertenecido a su familia por siglos), se tiró a los pies del mendigo y, admitiendo su derrota, le dijo:
- Has ganado tú, pero antes que te vayas, satisface mi curiosidad: ¿cuál es el secreto de tu bolsa?

El mendigo le dijo:
- ¿El secreto?... está simplemente hecha de deseos humanos.